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domingo, 17 de junio de 2012

Juegos alemanes: 6 Nimmt

Hoy voy a hablar del 6 Nimmt (en castellano Toma 6) un juego de cartas de 2 a 10 jugadores muy sencillo de explicar (en menos de 5 minutos), rápido de jugar (apenas 10 minutos) y adictivo, que agrada tanto a la gente que le gusta pensar mucho como a la que no.

El juego consta de 104 cartas, cada una con un número del 1 al 104 y sin repetir ninguno. Al comienzo de la partida se reparten 10 cartas a cada jugador, se colocan otras 4 cartas encima de la mesa boca arriba (que formarán las 4 filas del juego) y las cartas restantes se apartan de la partida porque ya no se van a usar. Nadie va a tener que volver a robar cartas.

Las 104 cartas del juego

La dinámica es muy sencilla: en cada turno cada jugador tiene que colocar una carta en una de las 4 filas que hay en la mesa. No se juega siguiendo un orden por turnos, sino que los jugadores eligen una carta de sus manos en secreto y todos las muestran a la vez, de manera que nadie sabe qué carta van a jugar los demás hasta que él ha jugado la suya (y ya sea demasiado tarde para cambiarla).

En cada ronda los jugadores añaden nuevas cartas a las filas

Cuando están las 10 cartas encima de la mesa, se empieza por la que tiene el número más bajo y se coloca en una de las 4 filas. Hay unas reglas fijadas que determinan en qué fila tiene que ir la carta, así que el jugador no puede elegir dónde ponerla, sino que está obligado a colocarla en una fila en concreto. Las reglas son: la carta se coloca en la fila con una carta previa de menor valor y la carta se coloca en la fila con la carta con la que tiene menor diferencia numérica. Es decir, si hay 4 filas con los números 7, 49, 57 y 70, y tú juegas la carta número 64, la tienes que poner junto a la 57, porque es la carta inmediatamente inferior (más pequeña y con la que guarda menos diferencia, ya que 64-57=7).

El 64 va tras el 57... aunque al jugador le espera una pequeña sorpresa

Y así, de la menor a la mayor se continúan colocando el resto de cartas de los jugadores. El problemón viene porque la persona que coloque la sexta carta en una fila se "come" las 5 cartas anteriores que hubiera en esa fila (como el jugador que añadió el 64 en la foto anterior). No las añade a su mano, sino que las deja al margen porque luego estas cartas contarán como puntos negativos.

Claro, al principio parece muy fácil porque lo que todos los jugadores piensan a la hora de elegir la carta que van a tirar es: "la segunda fila tiene 4 cartas y la tercera fila sólo 1, pues qué tontería, voy a jugar una carta que vaya en la tercera fila, así me salvo" pero ahí está uno de los mayores errores, porque casi todos los jugadores pensarán igual y jugarán cartas que se coloquen en la tercera fila, por lo que es muy probable que alguien acabe poniendo la sexta carta en la tercera fila y se coma las cartas, y algún jugador avispado haya colocado la quinta carta en la segunda fila y se libre.

Al final, la tercera fila se ha acabado llenando antes que la segunda

El hecho de que los jugadores hagan elecciones simultáneas sin saber lo que van a hacer los demás convierte a este juego en un buen ejemplo de la Teoría de Juegos. Hay que meterse en la piel de los demás jugadores y saber cómo van a pensar, y en ocasiones tal vez conviene elegir el mal menor: optar por llevarse pocos puntos negativos en lugar de arriesgar intentando no llevarse ninguno y finalmente acabar con un montón de ellos.

Por eso dije antes que gustará tanto a los jugadores a los que les guste pensar como a los que no. Porque los primeros podrán elucubrar decenas de estrategias o jugadas posibles con mayor o menor fortuna, mientras que los segundos pueden jugar una carta prácticamente al azar y salvarse (o no).

En resumen, como la mayoría de juegos alemanes, Nimmt 6 es un juego sencillo que puede dar lugar a sesudas decisiones, pero que no por ello deja de gustar a todos los públicos. Recomendado para cuando se quiere jugar poco rato y para jugar con gente poco acostumbrada a los juegos.


lunes, 11 de junio de 2012

Juegos alemanes: Colonos de Catán

Hoy voy a hablar de los Colonos de Catán, probablemente el juego de mesa alemán más vendido y de mayor éxito y popularidad. Diseñado por el alemán Klaus Teuber y publicado en 1995, es un juego para 3 y 4 jugadores con una dinámica muy sencilla.

Ambientado en una isla ficticia llamada Catán, el tablero está formado por losetas hexagonales de diferentes colores que representan cada uno de los terrenos que componen la isla: los campos cultivados de trigo, las praderas donde pastan ovejas, las canteras donde se extrae la piedra, los bosques en los cuales se obtiene la madera y pantanos donde se consigue la arcilla. Los jugadores representan diferentes tribus que se acaban de establecer en la isla y deben competir entre sí para conseguir la hegemonía sobre los demás.

La isla rica en recursos de Catán, una tierra de oportunidades

Cada una de las losetas de territorio tiene asignado un número, que se corresponde con uno de los resultados posibles de lanzar dos dados. Así, lo primero que hace un jugador en su turno es lanzar los dados y comprobar a qué terrenos está asociado el número aparecido, pues eso significa que esos terrenos producirán recursos este turno. Por ejemplo, si sale el número 8 y hay dos terrenos que lo tienen (por ejemplo, un bosque y un campo de trigo), los jugadores que tengan poblados situados junto a estos terrenos consiguirán la carta de recurso correspondiente: una carta de madera quien tenga una aldea en un bosque y una carta de trigo quien tenga la aldea junto a un campo de trigo.

El jugador azul obtendría una oveja si saliera un 5, trigo con un 6 y piedra con un 4

Lo restante es muy obvio y sencillo. Con las cartas de materias primas que iremos consiguiendo podremos construir caminos y poblados. Por ejemplo, una carta de madera y otra de arcilla nos permiten construir un camino, que colocaremos adyacente a una de nuestras poblaciones o alargando un camino que ya tuviéramos con anterioridad. Cuando hemos extendido un camino lo suficiente podremos fundar un poblado en su extremo, costándonos una carta de cada: una madera, una arcilla, un trigo y una oveja. Los poblados se pueden ampliar a ciudades (pagando tres minerales y dos trigos) y pasan a contar el doble de puntos y a proporcionarnos el doble de recursos cuando aparece alguno de los números de los terrenos a los que están adyacentes.

El jugador rojo ha ampliado su red de caminos y fundado nuevos poblados

La disposición de los poblados en los diferentes terrenos del juego propicia que no todos los jugadores tengan acceso a todas las materias primas con la misma probabilidad de obtener recursos, por lo que lo habitual es que los jugadores les sea muy fácil conseguir alguna de las materias pero les cueste mucho conseguir otra. Esto fuerza a los jugadores a comerciar entre sí, cambiándose madera por arcilla, o trigo por piedra, etc. Todo un ejemplo del modelo de la ventaja comparativa en las teorías del comercio internacional ;).

También, un jugador puede cambiar con la banca cuatro cartas de una misma materia por una de otra. Claramente no resulta un trato ventajoso, pero puede ser la única opción si nadie ha querido negociar con nosotros. Pero si dispone de un poblado junto al mar, puede aprovecharse del comercio marítimo y cambiar tres cartas por una, o incluso dos por una.

El jugador naranja puede cambiar 3 materias por 1, y el azul 2 trigos por 1

Algunas reglas del juego ayudan a compensar la suerte de los jugadores y sirven para acosar al que va ganando en ese momento. Por ejemplo, si al lanzar los dados sale un 7, el jugador que acaba de lanzar el dado puede mover una figurita (llamada el ladrón) y colocarla en la casilla hexagonal que quiera. Los jugadores con poblados o ciudades adyacentes a esta casilla no obtendrán materias primas si aparece el número asociado. Generalmente los jugadores suelen mover al ladrón a los poblados y ciudades del jugador que va ganando. También, al aparecer el 7 en los dados, los jugadores que tengan demasiadas cartas de materias primas en su mano deberán deshacerse obligatoriamente de la mitad. Otra forma más de penalizar a los que más suerte tienen y darle cierto equilibrio al juego.

La partida finaliza cuando un jugador consigue llegar a los 10 puntos. Hay que tener en cuenta que cada poblado que tengamos nos da 1 punto y cada ciudad 2 puntos. La persona que en cada momento tenga el camino más largo obtiene 2 puntos. También podemos obtener puntos usando las cartas de progreso, cartas que pueden ser compradas con materias primas.

El ladrón situado en el 6 impide que el rojo y el azul obtengan trigo cuando salga este número

En resumen, Colonos de Catán tal vez sea el juego ideal para iniciarse en el mundo de los juegos de mesa alemanes. Es sencillo de explicar, las reglas se cogen con facilidad pues todo el mundo capta enseguida la idea de lanzar los dados, obtener recursos y construir pueblos y caminos. Las partidas duran aproximadamente 40 minutos y tras acabar una, todo el mundo quiere volver a echar otra. Además, el mapa de la isla es diferente en cada partida: los hexágonos de terreno se disponen de forma aleatoria y no tienen el mismo número asociado.

Es un juego que no da lugar a complejas estrategias, pero en el que los jugadores más experimentados pronto se darán cuenta de que hay que pensar muy bien las jugadas, saber analizar el tipo de terreno respecto a la probabilidad de los dados, afinar la habilidad de influir en las decisiones de los demás, potenciar el arte de la negociación y saber muy bien cuándo arriesgar. Aunque jugable con 3 personas, el número ideal es 4 jugadores, pues la competitividad se eleva y la lucha por el control de la isla hace que el juego se vuelva muy emocionante.

El próximo juego sobre el que hablaré será el 6 Nimmt, de cartas y no tan famoso como éste o el Carcassonne, pero un juego que considero indispensable para poder echar partidas rápidas con hasta 10 jugadores, muy sencillo para todo el mundo pero a la vez complejo para quien le guste pensar, y con una dosis casi nula de azar.

jueves, 24 de mayo de 2012

Juegos alemanes: Carcassonne

El primer juego de mesa alemán del que hablaré es, cómo no: Carcassonne, después de haber participado en el reciente VIII Campeonato de España.

Carcassonne es un juego de 2 a 5 jugadores ambientado en la amurallada ciudad francesa del mismo nombre. Los jugadores deben fundar y ampliar ciudades, alargar caminos, construir monasterios y establecer granjas en los prados para abastecer las ciudades. Para conseguir puntos para ganar deben ir situando sus seguidores (los muñecos de un color de cada jugador) en las ciudades, caminos, etc. La particularidad del juego es que no cuenta con un tablero inicial, sino que este se va formando a medida que los jugadores añaden losetas.

Carcassonne y todas sus expansiones publicadas en España salvo una

La dinámica de juego es muy sencilla: en su turno cada jugador roba una loseta y la coloca en el tablero, adyacente a otra loseta o losetas puestas con anterioridad. Obviamente la loseta nueva debe encajar: los dibujos de las losetas adyacentes se deben corresponder, uniendo camino con camino, ciudad con ciudad o prado con prado. Como si de un puzzle se tratara.

Una vez colocada la loseta el jugador debe elegir si desea colocar un seguidor de su color en esa misma loseta o no hacerlo. Si lo pone debe hacerlo en una parte específica de la loseta: un camino, una ciudad, un monasterio o en el prado. Muy importante es que si al colocar la loseta se amplía una ciudad, camino o prado que ya están ocupados por otro jugador, el jugador actual no puede colocar su seguidor. Así pues, sólo puede hacerlo en una construcción (ciudad, camino o prado) que esté libre.

Seguidores ocupando ciudades, caminos, monasterios y prados

Y así van jugando todos los jugadores: robando losetas, ampliando con ellas el tablero de juego y situando sus seguidores. Cuando una construcción (ciudad o camino) se completa se puntúa y el jugador recupera su seguidor para reutilizarlo más adelante. Los monasterios sólo se completan cuando dicha loseta está rodeada de otras ocho, recuperándose entonces el seguidor. En cambio los prados nunca se completan, así que los seguidores colocados en ellos permanecen hasta el final de la partida.

Parece muy simple, pero la gracia del juego está en la rivalidad que surge entre jugadores para robarse las ciudades, los caminos y los prados. Como he dicho antes, un jugador no puede directamente colocar un seguidor suyo en una ciudad o camino ocupados por otro jugador, pero sí puede hacerlo indirectamente: que haya dos ciudades separadas perteneciendo cada una a un jugador y alguien coloque una loseta que las una y las convierta en una sola ciudad. Así habrá pasado a haber seguidores de diferentes jugadores en una misma ciudad y los jugadores se repartirán los puntos al completarla. Salvo que un jugador tenga más muñecos que otro, que entonces sería el único en llevarse todos los puntos. Ahí está la clave del juego: intentar robarse las ciudades, caminos o granjas de más puntos, y si no se puede al menos intentar "compartirlos".

Dos ciudades que se serán sólo una al colocarse la loseta inferior


Para Carcassonne han sacado múltiples expansiones que incluyen nuevas losetas y figuritas de madera, pero en mi opinión desvirtúan el sentido del juego. Cuando uno se ha cansado del juego básico está bien añadir alguna expansión, pero creo que no se debe jugar con varias a la vez porque con tantas reglas nuevas y elementos que introducen acaba habiendo tantas variables dispares que hacen difícil trazar una estrategia.

Es uno de los pocos juegos para varios jugadores que incluso funciona muy bien para ser jugado entre dos, así que lo recomiendo para jugar en pareja y también para enseñar a jugar a personas novatas, pues las reglas se explican con facilidad y después de la primera partida seguro que quieren volver a jugar. Además, el tiempo de juego es de 30 a 40 minutos así que no se hará nada pesado.

Y aquí acaba la primera reseña. ¿El próximo juego del que hablaré? El de mayor éxito mundial: Colonos de Catán :)


sábado, 19 de mayo de 2012

VIII Campeonato de España de Carcassonne

Hace un rato que he llegado del VIII Campeonato de España de Carcassonne, un juego de mesa de estilo alemán. Era la primera vez que participaba y la verdad es que ha sido una experiencia muy satisfactoria. Estaba perfectamente organizado (una organización austera eso sí, acorde con el nivel de seguimiento que tienen los juegos de mesa en España, pero que no dejó de ser dinámica y muy eficaz) y el nivel de la gente en general era muy alto, todos con estrategias agresivas y yendo a por todas.

Ha habido más de 70 participantes y se han llevado a cabo cuatro rondas clasificatorias de partidas de cuatro jugadores, en 18 mesas distintas. El sistema de puntuación era muy simple: el ganador se llevaba 5 puntos, el segundo 3, el tercero 2 y el último sólo 1. En las siguientes rondas de partidas se agrupaban los jugadores según los puntos que tuvieran en ese momento, así que acababas jugando con gente de tu mismo nivel. Después, los ocho mejores clasificados disputaban cuatro partidas de semifinales, enfrentándose uno contra uno y los cuatro ganadores jugaban la final.

Momentos de máxima concentración

En la primera partida que disputé (cuyos contrincantes se elegían al azar) me tocó con dos jugadores bastante buenos. También, yo estuve algo espeso y cometí algunos errores importantes, además de hacer una jugada que aún no sé si fue inteligente o no: cerrar una ciudad de 18 puntos que compartía con la jugadora que iba ganando. En aquel momento ya me parecía que no iba a poder ganar, así que pensé que haciendo eso podría asegurarme la segunda plaza. Al final quedé en 3ª posición, principalmente por no haberme hecho con la granja principal a tiempo, además de otros errores a la hora de colocar losetas.

En la segunda partida jugué en la mesa 13 (el orden de la mesa era indicativo de los puntos que tenían los jugadores en ese momento). Tanto esta como la tercera partida que jugué (en la mesa 6) acabé en 1ª posición, ganándolas. Fueron partidas más relajadas que la primera y en las que me sentí más cómodo haciendo las jugadas, pero aún así no dejaron de ser partidas desafiantes.

Pero sin duda la partida más difícil y en la que más me comí la cabeza fue la cuarta. Aquí ya jugaba en la mesa 3 y los otros jugadores eran realmente buenos. No recuerdo que ninguno de ellos cometiera ningún error y todo se decidió con la última ficha de cada jugador. El jugador ganador consiguió unirse a la granja principal en el último turno, otro jugador no pudo unirse a ella, y finalmente yo acabé en 2ª posición. Fue una partida intensa y muy decisiva porque todos sabíamos que quien ganara pasaría a las semifinales.

74 participantes repartidos en 19 mesas

Después de quedar en 3ª, 1ª, 1ª y 2ª posición acabé con 15 puntos (de 20 posibles) empatado con otros tres jugadores: el octavo, el noveno y el décimo. Al final mi puntuación total de las partidas era menor y acabé en décima posición, pasando el octavo a las semifinales. ¿Rabia? Para nada, porque ha sido una experiencia que he disfrutado mucho y creo que quedar el 10 de 75 personas (además de conseguir remontar) era más de lo que podía esperar :). Y siempre puedo decir que perdí contra los dos jugadores que más tarde pasarían a las semifinales, y uno de ellos a la final :)

Aparte de premios y regalos para los mejores, también sortearon merchandising de Carcassonne entre todos los participantes: peluches, camisetas, juegos, expansiones, etc. (aunque a mí no me tocó nada xD) y a todos los participantes nos regalaron la mini-expansión El Fantasma.

Los premios para los finalistas


martes, 15 de mayo de 2012

Juegos de mesa de estilo alemán

El próximo sábado se celebra en Granollers (Barcelona) el VIII Campeonato de España de Carcassonne, al cual espero acudir. Carcassonne es un juego con un éxito notable entre los aficionados a los juegos de mesa, un juego sencillo, fácil de aprender y bastante adictivo.

Hace un par o tres de años a mí me hablaban de juegos de mesa y los únicos que podía citar eran el Monopoly y el Risk, aparte del Scrabble, el Pictionary o el Cluedo. Hasta que un día vi en una librería Abacus la caja de un extraño juego que por su portada y nombre me llamó la atención: el mismo Carcassonne que comentaba antes. Le eché un vistazo a la parte trasera de la caja y por las imágenes que mostraban un juego colorido y vistoso me animé a buscar información y leer las reglas por Internet. Al final me lo acabé comprando.

Ahora es cuando muchos de los que lean esto se preguntarán: ¿pero qué pasa? ¿este no es un blog sobre un Erasmus en Alemania? ¿qué hace el tío este hablando de juegos? Creo que no podrían estar más equivocados ;)

Carcassonne, el primer juego de mesa alemán que compré

Alemania es el país por excelencia de los juegos de mesa, donde tienen una larga tradición y gozan de bastante popularidad. De hecho a una subcategoría de juegos se les conoce por el nombre de juegos de estilo alemán (incluso aunque algunos no hayan sido diseñados ni creados por alemanes) porque comparten una serie de características propias, muy alejadas de los típicos Monopoly y Risk.

El Monopoly y el Risk son juegos que me encantan pero tienen muchos aspectos negativos que hacen que no sean del agrado de todo el mundo. Por ejemplo, a medida que avanza la partida hay un jugador que sobresale de entre los demás y al cual es difícil alcanzar. También se van eliminando jugadores uno a uno, por lo que los primeros eliminados acaban por aburrirse si tienen que esperar al final de la partida. Además, son juegos en los que los errores se pagan muy caros, así que si cometes un pequeño desliz probablemente lo arrastres el resto de partida sabiendo que no tienes posibilidades de ganar, con lo que te acabarás aburriendo igual.

Risk, un juego emocionante pero también muy frustrante

Por contra, los juegos de estilo alemán se basan en la premisa de ser juegos familiares, para todos los públicos: adultos a los que les guste pensar mucho y niños u otros adultos a los que les guste pensar menos. Las reglas por lo general suelen ser sencillas y fáciles de explicar, por lo que ya en la primera partida todo el mundo juega sin tener la sensación de estar perdido. Tal vez haya algún jugador que sobresalga del resto, pero en muchos juegos se establecen mecanismos que ayudan a los jugadores que van perdiendo y compensan la partida. Otra aspecto positivo que tienen es que los jugadores no son eliminados a lo largo de la partida por lo que todos acaban jugando hasta el final. E incluso aunque sea evidente que unos jugadores van ganando y otros perdiendo, los juegos tienen elementos que motivan a todos a seguir jugando, ya sea por superar su record personal de una partida anterior, alcanzar algún objetivo secundario o porque simplemente son juegos sencillos divertidos de jugar.

Colonos de Catán, el juego alemán de mayor éxito mundial


No voy a alargarme más. Próximamente hablaré de los juegos alemanes más famosos, como el Colonos de Catán o el propio Carcassonne. Que por cierto, cuyo ganador en el próximo Campeonato de España viajará gratis a Alemania para participar en el Campeonato Mundial que se celebrará en la Feria Internacional de Juegos de Essen en octubre. No creo que yo tenga muchas posibilidades de ganar el Campeonato de España, pero como por esas fechas ya estaré en Alemania seguro que me paso por Essen a echar un vistazo, aprovechando la Semester Ticket :)

Con esto estreno una nueva etiqueta llamada "cultura alemana" para las entradas del blog, bajo la cual iré recopilando aspectos, tradiciones y costumbres propias del país germano que vaya conociendo durante mi estancia en Aachen :)